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Publicado: Febrero 25, 2019

La intromisi贸n humanitaria contra Venezuela

Uno de los lugares donde la intrusi贸n ha sido enf谩tica y constante es Venezuela. Una fachada para las operaciones encubiertas estadounidenses.

El arte ha representado las invasiones desde tiempo inmemoriales, muchas veces en espl茅ndidas piezas testimoniales.聽En unas ocasiones ha perpetuado la presencia de los opresores reci茅n llegados; en otras, la de los sometidos que encaran las imposiciones.

Las Invasiones B谩rbaras, que fueron movimientos migratorios de grupos 茅tnicos para algunos historiadores y b谩rbaras para los romanos que las sufrieron, subsisten en Europa en los templetes, mausoleos y baptisterios abrumadores y silenciosos.

La carnicer铆a conjunta de nazis y franquistas contra una poblaci贸n desvalida, donde los alemanes ensayaron el ataque a茅reo, el bombardeo masivo, las bombas explosivas y las incendiarias en media tarde, qued贸 inmortalizada en una desgarradora pintura: el Guernica de Picasso.

Roma se sobreimprimi贸 sobre Grecia y el contraste moral nos lo revelaron las Vidas Paralelas de Plutarco, el 煤ltimo gran literato del helenismo y el primer grecorromano latino. 鈥溌縋or qu茅 visten de blanco las mujeres romanas que llevan luto?鈥. 鈥溌縋or qu茅 empezaron los romanos el comienzo de un nuevo d铆a a medianoche?鈥. (Beard, 2018). Dos preguntas sencillas que compendian el traslado de un mundo al otro.

El arte, en estos casos, fue manifestaci贸n y evidencia de sucesos hist贸ricos b茅licos; dif铆cilmente podr铆a haber sido de otro modo en una historia que es un recuento de incursiones violentas, conquistas y pillajes.

Catalizador, espejo, quiz谩s es consecuencia del entorno y de determinadas circunstancias, y, en esencia, es expresi贸n v铆vida y est茅tica de emociones humanas.

EL ARTE DEL DESASTRE

Pero el arte tambi茅n ha tenido un desempe帽o notorio como apoyo e, incluso, ha jugado papeles activos en las feroces incursiones, donde moviliza en beneficio de las acciones agresivas. Justifica las injusticias, exacerba las rabias y alienta las pasiones. Ya no es una derivaci贸n de la realidad, sino una causalidad m谩s. O as铆 se lo presenta para disimular las de fondo, casi siempre econ贸micas, pol铆ticas, y, en algunas 茅pocas, quiz谩s, ideol贸gicas.

Durante dos siglos, entre el final del siglo XI y el final del XIII, la literatura, la pintura, la escultura y el teatro fueron claves en la promoci贸n de las Cruzadas y en la persuasi贸n de las comunidades. Pulularon las canciones y los poemas exaltando las virtudes de la gesta, y dejando de paso veladas amenazas a quienes no se enlistaran.

Urbano II implant贸 el estilo desde la primera Cruzada; fue h谩bil a la hora de aunar publicidad y arte, causa religiosa y motivaciones pol铆ticas, y un ma帽oso artista al momento de ponerlo todo en la misma direcci贸n de sus intereses particulares.

El profesor ingl茅s Christopher Tyerman, en el libro C贸mo organizar una Cruzada - El trasfondo racional de las guerras de Dios, describe el modo en que operaba la maquinaria propagand铆stica medieval en Occidente:

Apenas hab铆a l铆mites que la propaganda no acertara a rebasar: se recurr铆a tanto a los sermones formales como a las charlas privadas; se publicaban notas explicativas; se montaban circos ambulantes; se cantaban himnos y canciones de amor; se echaba mano de la elocuencia y de la intimidaci贸n; las empresas comerciales y las organizaciones religiosas internacionales hac铆an circular rumores; se utilizaban tanto los cotilleos locales como las m谩s fastuosas ceremonias p煤blicas; las parroquias hac铆an proselitismo en las fiestas de la cosecha; se hablaba en las cortes de los reyes y en las grandes catedrales; y se ganaban adeptos en los gabinetes de contabilidad y en los mercados. Como instrumentos de persuasi贸n val铆an tanto las m谩s refinadas obras de arte como el humor m谩s chusco鈥 (Tyerman, 2015).

Cualquier parecido con los tiempos presentes no es simple coincidencia. El arte, una de las m谩s profundas y francas afirmaciones del esp铆ritu humano, no s贸lo ha sido usado como subterfugio de evasi贸n y de desviaci贸n de la atenci贸n social por los grupos de poder, sino, adem谩s, como m贸vil y proyecci贸n de causas non sanctas, mejor dicho, infames. De las Cruzadas a las funciones de frontera.

LOS INVERSORES INVASORES

Los invasores de nuestros d铆as tienen caras dispares. Claro que se mantienen aquellos que llegan a bordo de portaaviones descomunales y de los siniestros bombarderos B-52 rodeados de los cazas F-15 y F-18E, pero tambi茅n asoman con disfraces m谩s presentables, en las fases de la preparaci贸n del terreno y en otras injerencias.

Arriban los nuevos atacantes y abarcan todos los 谩mbitos, los nacionales, bajo la cubierta de la cooperaci贸n internacional o las aportaciones para el desarrollo, y los regionales y locales, con los cuentos del bienestar social, las obras asistenciales o las campa帽as de concientizaci贸n.

Invaden barrios y comunas las brigadas de cient铆ficos sociales que hablan en ingl茅s o en un espa帽ol escarpado e incomprensible, misioneros de nuevo cu帽o y evangelizadores del viejo, voluntarios que no saben bien a qu茅 se regalan ni para qu茅, encuestadores preguntando lo que no necesitan con el pretexto de hacer lo que no har谩n y agentes del orden con peores fachas que las de los desordenados.

Las grandes agencias donantes de los pa铆ses industrializados no son tantas, pero est谩n en todas partes y rodeadas de otras miles de medianas y peque帽as ONG revoloteando a la espera de migajas que suponen muchos millones de d贸lares.

En Am茅rica Latina, desde 1934, abri贸 el aciago camino el Instituto Ling眉istico de Verano (SIL International) con sus cruzadas de miedo y su interculturalidad de b煤meran.

Los nuevos redentores deambulan por los lugares m谩s impensados de todos los continentes, en particular, de Asia, 脕frica y Am茅rica Latina, con sus ONG asentadas no tan lejos de las riquezas naturales del globo, domesticando tribus y amaestrando comunidades, e inmiscuidas de manera soterrada en los asuntos pol铆ticos nacionales m谩s alejados de su objeto. Lo que en el argot popular se conoce como injerencia.

LA USAID NO USA ID

El organismo m谩s cuestionado en nuestra regi贸n, sin duda alguna, es la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que, en la faceta atrayente, reparte limosnas y es especialmente activa en pa铆ses con gobiernos no alineados con Washington.聽聽

En sus m煤ltiples intervenciones, la USAID obra de la mano con otros organismos igual de solapados, como la Compa帽铆a de Desarrollos Alternativos (Development Alternatives, Inc., que ahora se hace conocer s贸lo con el mote de DAI).

La USAID, as铆 mismo, trabaja hombro a hombro con instituciones estadounidenses gubernamentales de conspiraci贸n abierta, como el Instituto Republicano Internacional (IRI), con un alevoso historial que comprende acciones desestabilizadoras durante la mal llamada Primavera 脕rabe (Egipto), Honduras, Hait铆, Polonia y Cuba; como la Fundaci贸n Nacional para la Democracia (NED), que ante la mala imagen de la CIA la reemplaz贸 en la tarea de llevar su arrevesada visi贸n de la democracia por el mundo.

Y, desde luego, como la propia CIA, con la que se asoci贸 desde reci茅n nacida, en las d茅cadas del sesenta y setenta, al punto de afirmarse que act煤a como el frente civil de la agencia de Inteligencia.

La USAID ha recurrido a los m谩s inesperados y variopintos planes de conspiraci贸n e injerencia, tales como el adelanto de programas de prevenci贸n del VIH o la creaci贸n de redes de medios sociales al estilo de Twitter (el proyecto Zunzuneo), en Cuba. O las falsas operaciones de salud, campa帽as de vacunaci贸n contra la hepatitis B y vacunas contra la poliomelitis, en Paquist谩n y Afganist谩n.

Uno de los lugares donde la intrusi贸n ha sido enf谩tica y constante es Venezuela. Una fachada para las operaciones encubiertas estadounidenses. A trav茅s de la Oficina de Iniciativas de Transici贸n (OTI), de la DAI, del IRI, de la NED y de una larga serie de secuaces, la USAID ha ejercido influencia en los procesos electorales con multimillonarios aportes a los partidos y los l铆deres opositores.

Particip贸 en el golpe de Estado de 2002 al presidente Ch谩vez y no ha dejado de hacerlo en las posteriores protestas y en los sabotajes que, en el desespero de no conseguir lo propuesto, de a帽o en a帽o fueron m谩s agresivos, escindieron la poblaci贸n y condujeron al pa铆s a la situaci贸n presente.

Actuaciones que no son habladur铆as o rumores y de las que hay contundentes evidencias, que no viene al caso relatar porque est谩n lo suficientemente detalladas y comprobadas, y jam谩s han sido denegadas por nadie, ni por los sobornadores del Norte ni por los sobornados en Venezuela.

Basta con hacer referencia a los documentos que la embajada de EE.UU. en Caracas ha enviado a la Secretar铆a de Estado y la Casa Blanca, divulgados por Wikileaks, que dan cuenta en informes, cables y correos de las estrategias seguidas y las orientaciones a seguir.

El entramado ha comprendido un sinn煤mero de maniobras, captaci贸n de estudiantes y l铆deres pol铆ticos, grupales y barriales; fundaci贸n y control de las ONG para penetrar las bases sociales; infiltraci贸n y torpedeo de las estructuras socialistas de base; generaci贸n de descontentos; sabotajes, chantajes y corrupci贸n.

La USAID ha administrado y ejecutado internamente lo que afuera coordina la diplomacia estadounidense en confabulaci贸n con los l铆deres venezolanos opositores en el exilio y los gobiernos de derecha del vecindario, en particular, el colombiano.

DE LA AYUDA HUMANITARIA, 驴QUI脡N PODR脕 DEFENDERNOS?

La ayuda humanitaria que est谩 llegando a C煤cuta no la trae ninguno de los organismos internacionales calificados para el efecto, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Agencia de la ONU para聽los Refugiados (ACNUR), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) o el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

No est谩n coordinando algo la Oficina de Coordinaci贸n de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la Secretar铆a de las Naciones Unidas, el Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF), o la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS), en lo relacionado con la ayuda sanitaria.

Ni participa la Organizaci贸n Panamericana de la Salud OPS, sede en Washington, con el Programa de Emergencias y Desastres (PED-OPS) y sus Equipos Regionales de Respuesta (ERR). Ni siquiera las cuestionadas organizaciones M茅dicos sin fronteras, Save the Children o la brit谩nica OXFAM han asomado.

La artificiosa ayuda humanitaria aterriza en tres aviones de transporte militar pesado Boeing C-17 Globemaster III de la Fuerza A茅rea de los Estados Unidos, procedentes de bases a茅reas de ese pa铆s (Homestead, en Miami).

El mismo avi贸n que se utiliz贸 para el transporte de pertrechos militares y ayuda humanitaria durante la invasi贸n de Afganist谩n (Operaci贸n Libertad Duradera para el gobierno de George W. Bush) y en la invasi贸n de Irak (Operaci贸n Libertad para Irak), as铆 como en las mayores movilizaciones de paracaidistas y otras grandes operaciones aerotransportadas.

De estos descomunales aviones, de los m谩s grandes jam谩s construidos, capaces de llevar juntos un tanque de batalla de 70 toneladas M1 Abrams y a Elliot Abrams, descienden las cajas con papel higi茅nico y bolsas de sal y arroz empacadas y selladas por la USAID, entidad que ahora anda necesitada de acciones que le justifiquen la subsistencia y los recursos.

Tan sospechosa resulta la susodicha ayuda humanitaria de que no lo sea o de que sea otra cosa, que la Federaci贸n Internacional de la Cruz Roja (FICR) y las contrapartes en Colombia y Venezuela manifestaron que no participan en el espect谩culo medi谩tico porque no encaja dentro de lo que la veterana instituci贸n considera como ayuda humanitaria.

Puede que alguien vaya de casa en casa por el condominio (en los Estados Unidos) o el inquilinato (en Am茅rica Latina) dando explicaciones y razones para justificar que va a incendiarle la casa a uno de los vecinos, pero creo que nadie har谩 lo mismo para contar que le va a obsequiar una galleta.

Esos donativos desde帽ables son una galleta partida. Veinte, treinta o cien millones de d贸lares, frente a los treinta mil millones que ans铆an robarse. Un platal que les hace la boca agua y canciones.

2019 abri贸 con la en茅sima visita del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, a la regi贸n latinoamericana.聽Estuvo en Brasil en la investidura presidencial de Jair Bolsonaro, y, de paso, arrim贸 a Cartagena para hablar con el presidente Iv谩n Duque sobre Venezuela.

Ahora el vicepresidente Pence anuncia que participar谩 en una nueva reuni贸n del Grupo de Lima para abordar, otra vez, 鈥渓a tr谩gica crisis humanitaria y de seguridad en Venezuela鈥.

Altos funcionarios del Gobierno estadounidense viajan de forma intempestiva y hacen at铆picas visitas a pa铆ses de Am茅rica Latina que hasta hace poco no les llamaban la atenci贸n, y a cuyos gobiernos, en teor铆a aliados, tratan como se lo merecen: con el mismo desprecio con que Trump atendi贸 a Duque en Washington.

En la agenda previa de la fecha fijada para el ingreso a Venezuela, por las buenas o a las malas, de la ayuda humanitaria, circula por Bogot谩, Brasilia y Curazao nada menos que el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, el almirante Craig Faller.

Las contrapartes locales se sienten distinguidas y los grandes medios del cobertizo juzgan normal que un militar, tan de blanco como las romanas de luto de Plutarco, promueva por las inmediaciones el golpe militar que no se han atrevido a darle a su presidente en casa, al que el estamento militar considera un imb茅cil y como tal lo ha tratado desde que asumi贸 la presidencia.

LA ENCRUCIJADA DE LA INVASI脫N MILITAR

No pocos expertos en geopol铆tica consideran que los Estados Unidos no invadir谩n militarmente a Venezuela puesto que la sensatez as铆 lo indica, como si la sensatez tuviera un puesto significativo en los juegos del hambre, la guerra y don dinero.

O porque los m谩s f谩ciles escenarios simulados muestran un sinf铆n de desgracias en el supuesto de hacerle caso a Rubio y perpetrar sus ambiciones, que dejar铆an al pa铆s con los panoramas desoladores que estamos cansados de ver en Siria, Afganist谩n, Sud谩n, Yemen, Libia, Irak.

Las guerras contempor谩neas son un divertido videojuego para quienes intervienen en ellas desde lejos, acomodados en poltronas, frente a pantallas t谩ctiles de setenta u ochenta pulgadas y aferrados como energ煤menos a joysticks, gamepads y dem谩s perif茅ricos h谩pticos.

Pero constituyen una tragedia para los pueblos arrastrados a ellas. Las circunstancias de una guerra no pueden concebirse con base en el menor da帽o imaginable sino a partir de las calamidades m谩s inimaginables.

Que ser铆an, adem谩s, por igual para los venezolanos de lado y lado, ya que las bombas inteligentes no perseguir谩n s贸lo a los que portan el 鈥渃arnet de la patria鈥 o las lluvias de misiles se contentar谩n con salpicar los pies miserables de los aliados de Maduro. Plomo es plomo, chamo, aunque seas muy 鈥渟ifrino鈥.

M谩xime, al tener en cuenta que si un ataque estadounidense pretende convertirse en una invasi贸n a gran escala requerir谩 de arremetidas masivas, que les permitan, a los misiles de crucero de los bombarderos, penetrar los sistemas de defensa a茅rea rusos que posee Venezuela. Que no son cualquier cosa.

SOBRE LA MESA O BAJO LA MANGA

Algunos congresistas, como el dem贸crata Ro Khanna, se han encargado de recordarle al autoproclamado 鈥減residente encargado鈥 Juan Guaid贸 que 茅l no es quien autoriza una intervenci贸n militar estadounidense en Venezuela, sino el Congreso estadounidense.

Algo que parece l贸gico, pero que no lo es. Si don Juan Guaid贸 se trep贸 a una tarima en medio de una marcha y se autoproclam贸 presidente del pa铆s no fue por la efervescencia y el calor del momento, sino porque as铆 hab铆a sido resuelto de antemano por los regentes en Washington.

Por lo que si 茅l mismo se帽or dijo lo que dijo, de que las tropas estadounidenses pueden entrar a Venezuela cuando se les ocurra, no es porque 茅l haya tenido la deslumbrante idea de repente, sino porque as铆 lo dictaminaron en la Casa Blanca y en los departamentos de Estado y Defensa.

En t茅rminos constitucionales el gobierno de Donald Trump tendr铆a que solicitar antes el aval del Congreso para llevar a cabo cualquier acci贸n demencial de envergadura.

Siquiera, deber铆a darles alg煤n indicio por Twitter a los desvelados congresistas, unos sume que sume las d谩divas perdidas de Amazon y los lucros de una nueva guerra, otros ocupados en abultar m谩s las criminalizaciones caseras de negros y latinos o en frenar los planes verdes de Alexandria Ocasio-Cortez que en pensar en uno m谩s de los ochenta desmadres militares (Savell, 2019) que tiene en vigencia su actual presidente por los cinco continentes.

No creo que el se帽or Guaid贸 sea apenas un t铆tere de los Estados Unidos, pero, en cambio, s铆 estoy seguro de que s贸lo mueve la quijada de palo cuando los ventr铆locuos en Washington le proyectan la voz.

Pero ni Pence, ni Bolton ni Abrams son ventr铆locuos fabulosos como Jeff Dunham, Terry Wayne Fator o Jay Johnson; les va mal en la delicada arte de la ventriloquia y en las entrevistas con Fox News mueven las bocas entreabiertas m谩s de necesario.

Por lo que el se帽or Guaid贸 no est谩 autorizando nada, pero s铆 sigue adelante con la porf铆a ret贸rica del Gobierno de los Estados Unidos de que todas las opciones est谩n sobre la mesa, que en realidad quiere decir bajo la misma.

Y del mismo modo que el Congreso de los Estados Unidos tendr铆a que autorizar la eventual invasi贸n a Venezuela, junto a la figura de la Seguridad Nacional, que todo lo permite, existe la de la seguridad operacional, que todo lo puede, gracias a la que los militares tienen la potestad de clasificar (ocultar, retrasar, diluir) la informaci贸n a聽 discreci贸n y conveniencia. Un hueco de la inmunidad en el que cabe cualquier desafuero.

AL MARGEN DEL DI脕LOGO

El reciente proyecto de golpe de Estado en Venezuela de las autoridades norteamericanas, que, insisten, no descarta la invasi贸n militar, no se enmarca, insisto, dentro de la Constituci贸n estadounidense. Dicho y rotundo.

No se relaciona en lo m谩s m铆nimo con la siempre invocada Seguridad Nacional y tampoco tiene que ver con asuntos de ayuda humanitaria ni con el inter茅s por la suerte de los venezolanos, a los que ellos mismos han vuelto m谩s pobres con sus medidas improcedentes.

No se preocupan por los ciudadanos pobres de ning煤n sitio del patio trasero latinoamericano o del potrero que ha sido el mundo para los sucesivos gobiernos republicanos y dem贸cratas; no lo han hecho antes y no lo hacen hoy en d铆a.

En el plan de redise帽o racial del Gobierno de Trump no figura la idea de angustiarse por los pobres propios, que suman cuarenta millones de personas, la mitad en pobreza extrema, mucho menos va a implicar atormentarse por los depauperados ajenos y mestizos.

Al igual que en los casos de Irak, Afganist谩n y Libia, todo se basa en fotos montadas y montajes medi谩ticos.

Los Estados Unidos patearon el acuerdo nuclear con Ir谩n, oficialmente, el Plan Integral de Acci贸n Conjunta, de id茅ntica manera a la que le ordenaron a sus pupilos en Rep煤blica Dominicana que patearan la mesa de negociaciones unos minutos antes de firmar lo reci茅n convenido con los delegados gubernamentales de Maduro.

Lo hicieron para venir a dar a los mismos puntos escabrosos en los que nos tienen parados por estos d铆as, lapso que puede ser de meses u otros a帽os, con un Oriente Medio m谩s inestable que nunca y una Latinoam茅rica igual de convulsa que antes.

En Venezuela, los opositores optaron por elegir las trochas golpistas por las que ahora transitan, tan polvorientas como las de la frontera colombo venezolana, a trav茅s de las que esperan contrabandear las ayudas humanitarias de la USAID para revenderlas en Ure帽a, T谩chira y alrededores.

LLAMADOS DE LA SELVA

Es probable que el Gobierno estadounidense no contara con que la 煤nica puerta que le quedar铆a entreabierta para derrocar al presidente Maduro, al final de la alharaca, fuera la de la invasi贸n militar, la que estaba de primera entre las amenazas y de 煤ltima entre las opciones reales.

Y, por dem谩s, que esa opci贸n no fuera la salida con puertas el茅ctricas de centro comercial de las pel铆culas, sino un riesgoso t煤nel oscuro para cruzarlo a rastras.

De varias desembocaduras a la final qued贸 apenas el socav贸n de los misiles. Hubo detalles que los colaboradores de Trump no calcularon, tal vez porque fueron los personajes apropiados de 茅pocas pasadas, en los a帽os ochenta, cuando las guerras eran en blanco y negro y el mundo era menos cu谩ntico, y no lo son tanto de los tiempos que corren.

Resulta que los militares venezolanos no acudieron precipitados al llamado de la selva de los halcones y no tumbaron de un escopetazo a su presidente real y leg铆timo, y tampoco le hicieron caso a las intimidaciones cantinflescas de Guaid贸, el personaje secundario extra铆do de The Walking Dead (Los muertos vivientes), quien a golpe de repetir mentiras se est谩 creyendo el h茅roe del mundo postapocal铆ptico en que vive.

Es m谩s, una Fuerza Militar Bolivariana que dej贸 pasar como si nada las 贸rdenes expl铆citas del impecable almirante Faller, el Comandante del Comando Sur, al igual que las conminaciones del General de Ej茅rcito Luis Navarro Jim茅nez, Comandante General de las Fuerzas Militares de Colombia, en el sentido de que los militares venezolanos ser谩n los responsables de las barbaridades que el estadounidense y el colombiano puedan practicar en el territorio ajeno, so pena de ser acusados de desacato injerencista.

Probablemente, por la pr贸fuga exfiscal acusada de corrupci贸n Luisa Ortega D铆az, la fiscal inercial de un r茅gimen virtual, antes que autoproclamado, autoimpuesto y de impostura. Y que de no ser por el saqueo de d贸lares que ha empezado a consumar con el Gobierno de los Estados Unidos y desde los Estados Unidos hasta el Reino Unido y donde alcancen, ser铆a de chiste.

Despu茅s de esto y de que en calles y barriadas m谩s de la mitad del pueblo venezolano siguiera siendo chavista y madurista, y prefiriendo ese mixtifori del socialismo del siglo XXI al emp铆reo nebuloso y falso de los opositores excluyentes a los que tumbaron de su cielo hace dos d茅cadas, y aunque en la realidad virtual de la Casa Blanca y de los medios hegem贸nicos de todas partes el 99 % de los venezolanos odiaran al Maduro que conocen y por el que vot贸 m谩s del 60 % de la poblaci贸n, y amaran al Guaid贸 que, con excepci贸n de su familia, su grup煤sculo pol铆tico extremista y marginal, unos pocos tirapiedras de revueltas y los profesores gringos que lo adiestraron, nadie hab铆a o铆do hablar antes, despu茅s de todo esto, digo, se cocieron en su propia caligraf铆a caliente las notas cuidadosamente descuidadas del se帽or Bolton.

5000 trops to Colombia, lo que en la escala de lo terrible s贸lo tiene por encima la moment谩nea confusi贸n que se puede tener al leer de una ojeada los garabatos de John Bolton: 5000 Trumps to Colombia. Pero la calculada amenaza no llega a tanto, de seguro porque la 茅lite estadounidense sabe que los colombianos ya tienen muchos m谩s de esos en las filas del Centro Democr谩tico, el partido para el que trabaja en Colombia el presidente Duque.

Una cifra que confundi贸 al viejo delf铆n de la politiquer铆a colombiana, el canciller Carlos Holmes Trujillo, el cual, entrampado en la rueda de prensa que 茅l mismo convoc贸, no dej贸 claro si no lo sab铆a por despistado o si estaba al tanto y entonces 茅l y el Gobierno que representa son lo que sus compatriotas llaman 鈥渦n regalado鈥, es decir, un entregado.

O si pensaba que ser铆an much铆simos m谩s, puesto que cinco mil son los marines que 茅l tiene entendido que van y vienen por C煤cuta desde hace d铆as, vestidos de civil y chapoteando el ingl茅s despacioso y flem谩tico de los s煤bditos de Inglaterra, creyendo que as铆 los entienden los hispanohablantes de esa tierra calurosa.聽

El primer tiro del alto Gobierno estadounidense se le fue por la culata y los siguientes se les ir谩n tambi茅n. Lo han intentado con caravanas de confites y confetis, y se帽uelos musicales oprobiosos e indignos.

Lo problem谩tico no es que los gringos y los criollos de la 茅lite aparenten saciar la penuria que provocaron con golosinas y en medio de las c谩maras. Lo grave es que hay gente que de verdad tiene hambre y est谩 enferma y se est谩 quedando sin los alientos de la esperanza, que no se alojan en unos embelecos personales, sino el futuro del pa铆s.

SUENAN LOS TAMBORES DE LA GUERRA

Cuando la democracia solamente es una excusa para despojar; la justicia, otro soporte de la opresi贸n, y cuando la solidaridad es amenaza y la ayuda huele a chantaje, no hay algo podrido en Dinamarca. Es que Dinamarca est谩 podrida de cabo a rabo.

No huele bien el generoso sin la generosidad y huele repugnante el canto sin su transparencia. Y no exhala flores un multimillonario ingl茅s al que de buenas a primeras le importa lo que sucede m谩s all谩 de su emporio.

Si un magnate renuncia a un despintado d贸lar es porque le representa miles en rebajas impositivas. Si dona un mill贸n en Estados Unidos, la Reserva Federal imprimir谩 apresurada miles de millones que ir谩n a dar a sus caudales y que, m谩s temprano que tarde, pagar谩n de d贸lar en d贸lar los paisanos de a pie.

Si se trata de un pa铆s como Colombia, m谩s dif铆cil imaginarlo, porque ninguno lo hace ni siquiera para disminuir impuestos, sencillamente, porque el estado hace diligente las reformas tributarias para no cobr谩rselos.

驴De veras alguien crey贸 el cuento de que Mark Zuckerberg y la doctora Priscilla Chan donar铆an el 99 % de sus acciones en Facebook, unos cuarenta y cinco millones de d贸lares, seg煤n sus palabras, 鈥減ara la puesta en marcha de un proyecto que impulsa la equidad y el potencial humano鈥?

A pocos d铆as del impactante anuncio, aclar贸 que lo har铆a de forma paulatina y a lo largo de su existencia. 驴Y si el se帽or Zuckerberg logra embolsarse una longevidad eterna como la de Warren Buffett, otro fil谩ntropo destacado? Grave para la equidad mundial.

Lo cierto es que se trata de un dinero que sale por un lado en menores cantidades de las que se anuncian y entra por otros acrecentado y rodeado de oportunidades: adi贸s a las rendiciones de cuentas minuciosas, imagen p煤blica remozada, gabelas y prerrogativas tributarias, expandida influencia pol铆tica, en fin.

Comerse el cuento de los fil谩ntropos caritativos es tan rid铆culo como creer que el se帽or Richard Branson convoc贸 al concierto 鈥淰enezuela Aid Live鈥 en la ciudad聽fronteriza de C煤cuta, en Colombia, por noble causa y no por lo que es: oportunismo en el presente con vistosas expectativas comerciales para el ma帽ana.

鈥淨ueremos que sea un evento alegre鈥, cita el diario peruano El Comercio que coment贸 Branson. Y c贸mo no va a serlo si el magnate lleva un buen tiempo haciendo cuentas alegres. Por suerte para el pueblo venezolano, el se帽or Branson se quedar谩 con los crespos hechos. Virgin tampoco pasar谩.

EL CANTO AL ATAQUE

Termin贸 atacando primero la treintena de cantantes del 鈥淰enezuela Aid Live鈥 que los reniegos de Duque, las ganas de Bolsonaro, las balas de Abrams y las piedras de Guaid贸.

En el Jubileo del a帽o 2000, Juan Pablo II efectu贸 un mea culpa por los cr铆menes cometidos por la iglesia cat贸lica a lo largo de los tiempos, e incorpor贸 las violencias cometidas en las Cruzadas (Clar铆n, 2000).

El Gobierno de los Estados Unidos y sectores opositores venezolanos est谩n echando mano de una id茅ntica maquinaria propagand铆stica, iguales los trucos y los ardides, a la que uso Urbano II hace casi un milenio para una causa papal de intolerancia y perniciosa.

Los cantantes que secundaron este espect谩culo econ贸mico y pol铆tico nunca van a pedir perd贸n por lo que hicieron ni lo va a pedir nunca nadie en su nombre. Menos a煤n van a pedirlo quienes los mueven y son la verdadera maquinaria de la guerra.

Ojal谩 sea porque en medio de todo, de las zozobras y de la m煤sica puesta de ayudante del resentimiento y los intereses maquiav茅licos, nunca haya un solo muerto, y no porque en nombre de la falacia a nadie le importen qui茅n sabe cu谩ntas v铆ctimas, como est谩n y siempre estar谩n frescos en la memoria los cientos de miles de ca铆dos en Siria y Libia.

Los d贸lares no se ponen yertos en las cunetas y los muertos no son simples papeles que se emiten. Es al contrario. Los artistas que han sido c贸mplices del club de malosos que organiz贸 el descomunal evento en un abrir y cerrar de ojos saben lo que hacen y el fuego que atizan.

A lo mejor no son tan mal茅volos como s铆 lo son de malogrados cantantes, y a pesar de que Juanes sea un camicia nera criollo, Vives un chupasangre de las viejas glorias del vallenato, Bos茅 un mis贸gino bandido y Amante bandido, su tema lanzado en 1980, a los pocos a帽os de comenzar las cuatro d茅cadas que lleva de carrera art铆stica, la 煤ltima canci贸n buena que se le recuerda, puesto que Amiga fue de 1977.

Y aunque el Puma sea el mismo Puma que cantaba m谩s alegre que Branson junto a do帽a Victoria Eugenia Henao de Escobar, cuando todav铆a no era la viuda del Capo di tutti capi de Medell铆n y todav铆a era legal asistir vendado y cantar a oscuras en sus francachelas clandestinas.

O sea el que cantaba emocionado en Vi帽a del Mar Aqu铆 se respira amor en la plena dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, quien ve铆a el espect谩culo desde el sill贸n presidencial sin presagiar que se le embrollar铆a el poder por culpa de otro Puma, el helic贸ptero a bordo del que su comandante del Ej茅rcito hab铆a ejecutado las macabras caravanas de la muerte, como lo narr贸 con pormenores la periodista Patricia Verdugo (1989).

Pinochet, el general chileno que, con excepci贸n del infarto del miocardio que lo mat贸, lo tuvo y obtuvo todo de facto. Tal cual lo que les gusta a los promotores del evento de manipulaci贸n de C煤cuta.

Si bien Branson es due帽o de Virgin Records y maneja cantantes internacionales de primera l铆nea, no s茅 qu茅 tanto sabe de m煤sica en 煤ltimas. Lo sabr谩n acaso algunos de los m煤sicos y cantantes que cantaron por 茅l y para 茅l. No importa. Lo que s铆 se sabe es que se hizo a la compa帽铆a procediendo como pirata y que jam谩s ha dejado de acrecentarla fungiendo de fil谩ntropo.

Dice el Maestro de M煤sica al Maestro de Baile en El burgu茅s gentilhombre refiri茅ndose al grotesco Monsieur Jourdain: 鈥淓ntiende mal, pero paga bien, que es para nosotros lo m谩s importante鈥 (Moli猫re, 1940: 55). As铆 es.

Sabemos bien de qu茅 lado est谩 y d贸nde se halla el dominio comercial de la m煤sica de la regi贸n en todas las procedencias, g茅neros y reguetoneos: en Miami, donde cantan fuerte los encarnizados exilios cubano y venezolano.

Sobra a帽adir algo m谩s. A nadie le importa la suerte nutricional de los venezolanos que se desmadraban por ver a unos artistas que lo mismo cantar铆an al otro lado si Miami, los mercadeos y las casas matrices los dejaran ir.

Eso explica por qu茅 los artistas confirmaban la asistencia antes de invitarlos y por qu茅 salieron como almas que llevara Trump m谩s de treinta hacia C煤cuta, una ciudad de asiduo olvido, parasitaria y paraca (buena parte del comercio a cargo de traficantes, narcos y paramilitares), de la que Bogot谩 se acuerda cada que quiere fijar la atenci贸n nacional en los vecinos y desviarla del propio y desarreglado pa铆s.

Se explica y entiende, pero nada lo excusa. Ni la plata ni la obediencia, ni el contrato, ni el clasismo, ni la ignorancia. Creo que jam谩s cliquee un 鈥渕e gusta鈥 a ninguno de los treinta y tantos cantantes del Aid Live en las redes, que los nutren e inflan. No lo hice antes por desinter茅s y a partir de ahora no lo har茅 por afluencia de convicciones. No tendr谩n ni un 鈥淟ike鈥 humanitario.

Fueron claramente malintencionados los fines del evento medi谩tico de Trump, Branson, Abrams y dem谩s apegados a la causa golpista. Y estuvo buena jugada del Gobierno del presidente Maduro de responderle a la m煤sica de la guerra con m煤sica de paz.

M煤sica a ambos lados del puente. De este lado nadie anunci贸 el concierto ni dio noticias de 茅l, ning煤n medio colombiano lo destac贸 y los pol铆ticos en el ruedo lo obviaron. Pero todos sab铆an que ah铆 estaba como incomodidad y presencia, y tal como la otra cara de la luna.

DETR脕S DEL ESTRUENDO

Los mayores riesgos que afrontan la paz y el futuro de la humanidad en la actualidad ni siquiera gravitan en torno al complejo industrial armament铆stico, cuyos afanes particulares mueven a discordias y cientos de conflagraciones, y que rondan como buitres desde hace casi un siglo.

Tampoco est谩 en las historias de desavenencias entre tantos pueblos, o en los odios 茅tnicos y raciales ancestrales, o en las pasiones s贸rdidas de algunos gobiernos remotos y vecinos, o en las avaricias sin l铆mites de las corporaciones trasnacionales que fabrican las naves espaciales o los pa帽ales, o en la impresentable esencia misma del capitalismo que nos liquida a plazos.

El riesgo fundamental est谩 en el mundo maravilloso que las 茅lites concatenadas de unos cuantos pa铆ses han edificado sobre las tambaleantes bases de la especulaci贸n. Un engranaje de embustes que se mueve demasiado r谩pido y que nadie se atreve a parar porque entiende que nada lo parar谩 ni a moderarle los 铆mpetus con el palo atravesado porque sabe que ser铆a triturado.

Hasta que se acaben, y se acaban porque se acaban, los enredos que tapan las patra帽as que envuelven las falsedades que esconden los infundios que no dejan ver los enga帽os que鈥 Hasta que no quede sino, llana y definitiva, la verdad, y entonces se venga al piso la tramoya.

Es el peligro incuestionable que enfrenta Venezuela hoy en d铆a. Que a los pistoleros del alto Gobierno de los Estados Unidos se les terminaron las mentiras. Y no hay nada peor que un cuatrero desocupado y sin fondos. Make you a great cowboy again (hazte un gran vaquero otra vez). Y es lo que est谩n haciendo, adentro, adoptando las medidas racistas y excluyentes que enardecen 谩nimos y votos, y, afuera, haciendo lo que dijeron que no har铆an y viceversa.

Han acrecentado el estruendo y acentuado las amenazas. La desconfianza va y viene por el mundo, las incertidumbres econ贸micas y pol铆ticas recorren los mercados, la inestabilidad campea a sus anchas.

En la desesperaci贸n, los Estados Unidos est谩n atestados de contradicciones. Si contin煤an con el fardo de la OTAN a cuestas sigue el desangre, pero si la sueltan pierden por entero su control y el bastante disipado de Europa. Les conviene abandonar Siria, pero de hacerlo quedar铆an con menor influencia en una zona clave y candente. Sostienen que all铆 vencieron a los terroristas que crearon y financian, y pregonan que ganaron la guerra, sin embargo, ni Rusia ni Turqu铆a, ni Ir谩n ni la propia Siria, cuyo Gobierno les apetec铆a tumbar, los invitaron una sola vez a la mesa de las conversaciones de paz.

No obtienen los consensos que requieren en la ONU para invadir a Venezuela y, para colmo, ni siquiera en una organizaci贸n de garaje como la OEA, con un secretario general de bolsillo como Luis Almagro y los pa铆ses del llamado Grupo de Lima de segundones, lograron el reconocimiento de su guardado (Guaid贸) como presidente.

En la empecinada guerra comercial que libran desde hace un a帽o, los Estados Unidos se han mostrado decididos a golpear a China por todos los flancos. Del acero al aluminio; de las transferencias tecnol贸gicas y las artima帽as de la propiedad intelectual a lo financiero; de la detenci贸n de Meng Wanzhou, directora de finanzas de Huawei e hija del fundador de la compa帽铆a, al derrocamiento del presidente Nicol谩s Maduro en Venezuela.

Mas esa es una guerra que no es tan f谩cil como la creyeron. Buena parte de las medidas han tenido un efecto b煤meran. Pero no s贸lo retornan los aranceles impuestos con distintas complejidades. Lo malo es que los miedos arrojados aqu铆 y all谩, tarde o temprano, tambi茅n vuelven y espantan.

Los Estados Unidos tienen diagnosticada con absoluta claridad su crisis. Con un dedo no se tapan el sol ni una deuda astron贸mica cuatro veces por encima del PIB mundial y que tiene vuelta una c谩scara de huevo la solidez del d贸lar, moneda que ha mantenido su hegemon铆a sobre la base exclusiva de la confianza y las armas. La confianza se fue. 隆Make them trust us! (隆haz que conf铆en en nosotros otra vez!). Quedan las armas. Ya no como m贸vil, sino como soluci贸n. 隆Vaya remedio!

DEL LOCO AL HECHO鈥

Puede que Trump est茅 loco por querer hacer algo que ya no se puede conseguir: 隆Make America Great Again! (隆Haz a los Estados Unidos grandes otra vez!). Unas ideas descabelladas que para que no lo fueran tendr铆an que haberse emprendido hace a帽os, digamos, despu茅s de concluida la Segunda Guerra Mundial, cuando impusieron los acuerdos de Bretton Woods y el d贸lar, y los Estados Unidos se percibieron a ellos mismos como los due帽os del mundo.

O a comienzos de los a帽os setenta, cuando se creyeron los ladrones m谩s listos del mundo y a trav茅s del Nixon Shock mandaron al traste los acuerdos de Bretton Woods y el patr贸n oro. O abriendo la d茅cada del noventa, cuando se disolvi贸 la Uni贸n Sovi茅tica y los Estados Unidos no se percataron de que el trampol铆n neoliberal al que se sub铆an daba directo al tobog谩n de bajada de la globalizaci贸n que ahora les incomoda.

Todo muestra, en todo caso, cu谩n poca raz贸n tienen los estadounidenses que alaban a Trump por querer lo que quiere y que no tienen mucha m谩s los que lo vituperan por lo mismo. A estas alturas, 茅l no es m谩s que el loco que pone nerviosos a los dem谩s locos.

Aguardemos que los gringos y los cerriles opositores venezolanos no empiecen una peligrosa medianoche en un mediod铆a de estos. Un cuestionamiento adicional para Plutarco.

Bibliograf铆a:

Escrito por: Juan Alberto S谩nchez Mar铆n



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